UNA VISIÓN REALISTA DEL PROTECTORADO
EJERCIDO POR ESPAÑA EN MARRUECOS
Por Mohammad Ibn Azzuz Hakim
Historiador
No es mi intención hacer el panegÃrico de la acción protectora de España en la zona norte de Marruecos, por considerar que el historiador que se precia de serlo, no debe ni puede ser panegirista, ya que dejarÃa de ser imparcial para convertirse en historiógrafo. Y para mÃ, la misión del historiador es una cosa y la del historiógrafo es otra. Mi intención es salir al paso de una serie de errores que han cometido muchos de los investigadores que han tratado el tema de la acción protectora de España en Marruecos, desde el año 1912 hasta 1956. Unos lo han hecho a la ligera, no teniendo en cuenta las múltiples circunstancias por las que ha atravesado el Protectorado español. Otros, con la premeditada intención de denigrar la acción protectora de España.
Empezaré diciendo que yo no trato de justificar, en sà mismo, el protectorado impuesto a Marruecos por el convenio secreto franco-inglés del 8 de abril de 1904, al que España no tuvo más remedio que adherirse, porque si no corrÃa el riesgo de encontrarse con una Francia al norte y otra al sur de su territorio.
Y digo que España no tuvo más remedio que aceptar lo que se le ofrecÃa, poniéndola ante el hecho consumado, porque durante el siglo XIX España fue la única nación europea que defendÃa la independencia y la integridad de Marruecos y la soberanÃa del Sultán, aferrándose a la polÃtica del mantenimiento del “statu quo†en el Mediterráneo occidental.
Para mÃ, el historiador que desee enjuiciar y valorar imparcialmente la acción protectora de España en Marruecos debe tener en cuenta tres postulados:
Primero: que el ejercicio de la verdadera acción protectora de España, sólo pudo realizarse en un periodo de 28 años de duración, o sea desde el 10 de julio de 1927, en que los marroquÃes depusieron las armas frente a la acción militar llamada de pacificación, hasta el 7 de abril de 1956, en que España reconoció la independencia de Marruecos, ya que durante el periodo comprendido entre 1912 y 1927, España tuvo que hacer frente a una formidable resistencia armada del pueblo marroquà en el Norte, que rechazaba de plano el protectorado impuesto al paÃs por el tratado franco-marroquà del 30 de marzo de 1912.
Segundo: que la zona adjudicada a España en el convenio franco-español del 27 de noviembre de 1912 era parte integrante de lo que se ha dado en llamar el “Marruecos no útil†y que algunos califican con razón de “chuleta marroquÃâ€. Se trataba de dos zonas: una situada al norte, la más belicosa del paÃs, y otra al sur, totalmente desértica, y ambas eran terriblemente pobres, con unos recursos naturales tan reducidos, tan escasos, que los ingresos del presupuesto general del Majzen Jalifiano no alcanzaban a cubrir más que la tercera parte de los gastos; el presupuesto del Gobierno español tenÃa que aportar el importe de las otras dos terceras partes, como anticipo reintegrable.
Tercero: que España, a diferencia de Francia, sabÃa que tarde o temprano el Protectorado tendrÃa su fin, y por eso la polÃtica practicada por ella en su Zona no tendÃa a anular la identidad y los valores marroquÃes; era una polÃtica fraternal, como correspondÃa a dos pueblos que han convivido juntos durante varios siglos de su historia. Prueba de ello es su polÃtica sumamente tolerante con el movimiento nacionalista, con las instituciones religiosas del paÃs, con la lengua y la cultura árabe, amén de los usos, costumbres y tradiciones, como tendré ocasión de señalar más adelante.
Para mÃ, en el periodo de 28 años de paz y por ende de verdadera acción protectora (que no pudo ejercerse en el periodo anterior) España hizo muchÃsimo en el orden moral, espiritual y no pudo hacerse más de lo que hizo en el orden material, en una zona pobre, pobrÃsima, en la que habÃa que hacerlo todo en el orden material. Prueba de la veracidad de este aserto es que los gobiernos del Marruecos independiente, a pesar de sus esfuerzos, tampoco han podido hacer en esta zona más de lo que han hecho durante más de 40 años de independencia, sencillamente porque han tropezado con una serie de problemas de no fácil solución, que dificultan la integración del Norte en la textura del Reino.
A España le ocurrió lo mismo, ya que se encontró en 1912 con un territorio en el que habÃa que hacerlo todo, empezando por dotarlo de una máquina administrativa moderna, que brillaba por su ausencia, ya que la arcaica y mediocre administración majzeniana no era acorde con los tiempos modernos. Ahora bien; como la mayorÃa de los detractores del Protectorado español juzgan la obra de España en su Zona comparándola con la de Francia en la suya, y a pesar de que todas las comparaciones son odiosas, como dice el refrán español, yo reo que es hora de que alguien les diga:
1- Que en el orden moral no existe comparación alguna entre la obra española y la francesa, como tendré ocasión de demostrarlo más adelante.
2- Que nadie puede poner en duda que las realizaciones materiales francesas superan las españolas; pero hay que tener en cuenta:
a) Que Francia se habÃa quedado con el “Marruecos útilâ€, o sea la zona más fértil y de más recursos naturales de Marruecos, que le permitieron hacer lo que hizo.
b) Que esa obra material francesa se hizo en provecho de los colonos y explotadores franceses; los moros constituyeron pura y llanamente el proletariado, clase obrera desconocida en el Marruecos anterior al Protectorado.
c) Que esa obra material francesa fue acometida teniendo en cuenta que Marruecos constituÃa el pilar del Imperio Norteafricano francés, donde los franceses eran los amos y los moros a lo más que podÃan aspirar era su integración como ciudadanos de segunda clase en la Unión Francesa.
Dicho esto paso a enumerar las realizaciones llevadas a cabo por España en Marruecos y que los detractores de esa obra silencian o a lo más minimizan.
España tuvo que crear dos nuevas ciudades en la región oriental (Alhucemas y Nador); ochenta nuevos núcleos urbanos y cinco ensanches modernos anejos a las medinas de Tetuán, Larache, Alcazarquivir, Chauen y Arcila, que eran las únicas existentes en una extensión de 23.000 kilómetros cuadrados y estaban concentradas en la región occidental. A este conjunto tuvo que dotarlo de una infraestructura que no tenÃa: urbanización, aducción de agua potable, alcantarillado, etc.
Como no habÃa ninguna vÃa de comunicación moderna, creó una red de carreteras y pistas, que es prácticamente la misma que existe hoy dÃa. Construyó dos vÃas férreas normales entre Tetuán-Ceuta y Larache-Alcazarquivir, y una vÃa estrecha que enlazaba RÃo MartÃn con Tetuán, Lauzien y Zinat.
Organizó el transporte público de viajeros y mercancÃas.
Como no habÃa puertos, creó los de Arcila, Alhucemas y Yebha.
Protegió la riqueza forestal trazando un plan de repoblación y explotación racional de la misma.
Puso en explotación algunas minas e impulsó la de hierro y plomo de Segangan.
Habilitó perÃmetros de colonización en el Lucus y Zebra, adjudicando los lotes con derecho al acceso a la propiedad a favor de españoles y marroquÃes por igual.
Construyó miles de edificios oficiales para oficinas, tribunales, prisiones, reformatorios, asilos, escuelas, institutos, bibliotecas, hospitales, enfermerÃas, centros médicos, consultorios pecuarios, pósitos agrÃcolas, mercados, mataderos, etc…
Dotó de luz eléctrica a las ciudades y puso grupos electrógenos en los núcleos urbanos.
Creó el servicio de correos, dotándolo de unos sellos cuyo valor artÃstico y filatélico supera a los de muchos paÃses modernos.
Para llevar a cabo esta ingente labor puso en marcha dos planes generales de obras públicas en 1928 y 1940.
España organizó la sanidad moderna, construyó hospitales, enfermerÃas, dispensarios, consultorios médicos, laboratorios, farmacias en todas las ciudades. El sanatorio antituberculoso de Ben Karrich era el único existente en todo Marruecos.
La asistencia médica y hospitalaria era gratuita para todas las clases sociales marroquÃes.
También era gratuita la asistencia agro-pecuaria en las cabilas.
En el campo docente
España organizó la Enseñanza marroquà oficial, tanto la moderna como la religiosa y la profesional, en los grados primario, secundario y superior.
Arabizó la enseñanza marroquà en todos sus grados.
Declaró obligatoria la Enseñanza primaria marroquÃ.
Modernizó la Medarsa Luqas, que era una facultad religiosa.
Estableció planes de estudios para la enseñanza oficial y privada.
Autorizó la creación de escuelas e institutos de enseñanza privada primaria y secundaria.
Instituyó libros de texto en árabe para todos los grados de la enseñanza marroquÃ.
Creó la Fiesta del Libro Ãrabe y la del Ãrbol.
Instaló cantinas y comedores escolares.
Creó el Bachillerato marroquÃ, en árabe, y el Bachillerato hispano-marroquÃ, cuyos diplomas eran reconocidos en los paÃses árabes.
Constituyó el Consejo Superior de Enseñanza Islámica.
Creó las escuelas normales de magisterio, masculino y femenino, que eran las únicas que habÃan en todo Marruecos.
Creó la Escuela Politécnica para carreras medias, tales como peritos administrativos, comerciales, agrÃcolas, ayudantes de minas y de veterinaria, aparejadores, practicantes, comadronas, enfermeros y enfermeras, sanitarios.
Creó las residencias de estudiantes marroquÃes en El Cairo, Granada y Madrid. Concedió becas para cursar estudios en Egipto y España. La Ciudad Escolar de Tetuán era un núcleo de la futura universidad marroquÃ.
En el campo cultural
España protegió la propiedad intelectual.
Creó la Junta Superior de Historia y GeografÃa de Marruecos; el Patronato de Investigación y Alta Cultura de Marruecos; la Junta Superior de de Monumentos artÃsticos e históricos; el Instituto General Franco de Investigación Hispano-Ãrabe, en español; el Instituto Muley Hassán para la investigación, en árabe; la Biblioteca General del Protectorado con las dos secciones, española y árabe; la Hemeroteca General, también con dos secciones; el Centro de Estudios MarroquÃes, que era una especie de facultad; la Escuela Superior de Bellas Artes; la Escuela de Artes y Oficios MarroquÃes; el Conservatorio de Música con las secciones española y árabe; el Archivo Histórico MarroquÃ; el Archivo General Jalifiano.
Creó el premio anual “Marruecos†para la investigación histórica, en español, y el premio “Magrib†para la investigación en árabe.
Creó la revista “Tamuda†para la investigación hispano-árabe.
En el campo benéfico-social
España creó el impuesto benéfico-social, para atender los gastos de los servicios benéficos en general y particularmente para el sostenimiento de asilos de ancianos, orfanatos, comedores y roperos populares.
Concedió gratuitamente semillas y fertilizantes, asà como plantas para los pequeños agricultores marroquÃes.
Construyó bloques de casas baratas con alquiler módico.
La Caja General de Crédito concedÃa préstamos con un interés del tres por ciento para la construcción de viviendas, la industria, la agricultura y la pesca.
En la cuestión del idioma árabe
España, a diferencia de Francia, no solamente respetó el idioma árabe, sino que lo protegió y favoreció su difusión, de tal modo que se usaba en todas las dependencias y servicios administrativos del Palacio y Gobierno Jalifianos, en todas las instituciones dependientes del Ministerio de Justicia Islámica y en el del Habús, en los Bajalatos, Caidatos y Almotacenazgos de la Zona.
Hemos dicho que la Enseñanza marroquà fue arabizada en su totalidad, de manera que el idioma español se limitaba a las clases de lengua y literatura españolas.
Se toleró el uso del árabe con caracteres latinos en el telégrafo.
Los municipios funcionaban en español y árabe a la vez.
Las dependencias del Protectorado se relacionaban con los marroquÃes en árabe.
En el campo religioso
España respetó escrupulosamente la religión islámica y sus instituciones. Protegió las mezquitas, santuarios y zagüÃas, hasta el punto de respetar el llamado “derecho de asilo†del que gozaban los reos acogidos a un templo musulmán.
Fomentó la institución del Habús, dotándola de un Ministerio autónomo en el que no intervenÃan las autoridades españolas para nada, ya que los Nuddar (veedores) de las ciudades y cabilas dependÃan directamente del ministro marroquÃ, que estaba asistido de un Consejo General Habús formado por representantes de las cinco regiones de la Zona.
Se construyeron y restauraron miles de mezquitas y santuarios; se atendió debidamente a los cementerios musulmanes. España concedió subvenciones para la peregrinación a La Meca, habilitando para ello el transatlántico “Marqués de Comillasâ€.
Fomentó la enseñanza coránica en todos sus grados, creando, además, el Instituto Superior de Enseñanza Islámica. Organizó las instituciones religiosas de Bu Muaret y Ukil el Golab.
En el campo de la Justicia
España respetó todo cuanto tenÃa relación con la religión islámica, de lo que es testimonio el hecho de haber concedido la autonomÃa al Ministerio de Justicia Islámica, de cuyo titular dependÃan los CadÃes, MuftÃes, Adul, Auan, Bu Muaret y Ukil el Golab. Creó juzgados islámicos de primera instancia en todas las ciudades y cabilas; tribunales de segunda instancia en las cabeceras de cada región; el Alto Tribunal Cheránico de Tetuán, compuesto por Ulemas y AlfaquÃes que representaban a las cinco regiones de la Zona. Organizó la justicia cheránica, dotándola de un código, e instituyó un escalafón para los CadÃes.
Organizó las funciones de Mufti, Adul, Ukil.
Dictó un código para la Justicia Majzeniana ejercida por los Bajaes en las ciudades y los CaÃdes en las cabilas.
No favoreció en absoluto la existencia de la justicia consuetudinaria (el Aorf) practicada tradicionalmente por la yemáas de las cabilas bereberes y que en la Zona de Protectorado francés habÃa sido legalizada por el Dahir Bereber del 16 de mayo de 1930.
En el campo municipal
España dotó a las ciudades y núcleos urbanos de juntas municipales, vecinales y locales, cuyos consejos estaban compuestos por representantes de las tres razas.
Creó las juntas rurales de fracción de cabila correspondiente.
Las Yemáas tradicionales de las cabilas sólo tenÃan atribuciones vecinales, tales como la labranza y el pastoreo.
En el campo laboral
España reglamentó los accidentes de trabajo en la industria. Implantó la jornada legal de trabajo y el descanso semanal retribuido. Reglamentó el trabajo del personal femenino. Prohibió el trabajo a los niños de edad escolar hasta la edad de 14 años; los de más edad tenÃan que estar en posesión del certificado de escolaridad. Permitió el acceso de los marroquÃes a los sindicatos españoles. No permitió la prestación personal más que en los casos en que los trabajos a realizar eran decididos por los propios vecinos.
En el campo económico
España introdujo en la Zona el sistema métrico decimal en las pesas y medidas. Los pequeños comerciantes marroquÃes podÃan adherirse a las Cámaras Españolas de Comercio.
España impulsó la creación de miles de industrias, entre las cuales la fábrica de papel de Benet (Papelera de Tetuán) era la única de su clase existente en Marruecos.
Reglamentó la caza y la pesca. Protegió debidamente la artesanÃa marroquÃ, procurando que conservara su antigua organización gremial, con un sÃndico a la cabeza de cada gremio, que dependÃa del Almotacén.
En el campo de la propiedad
España no solamente respetó, sino que protegió la propiedad privada, dictando una serie de disposiciones para ello, al tiempo que reglamentó los bienes Majzen, del Habús, los de los municipios, los de las Yemáas y los del dominio público.
Creó el Registro de la Propiedad Inmobiliaria, para evitar el fraude que se cometÃa con las mulquÃas falsificadas. Reglamentó la expropiación forzosa por causa de utilidad pública, indemnizando a los propietarios con el justo valor de sus propiedades.
En el campo administrativo
España creó tres administraciones: la del Protectorado, compuesta por Delegaciones de servicios dependientes de la Alta ComisarÃa; la Majzeniana, formada por los ministerios del Gobierno Jalifiano, dependiente del Jalifa; y la Municipal, puesta bajo la tutela del Consejo General de Colectividades, que presidÃan el Gran Visir y el delegado de Asuntos IndÃgenas.
Dotó a la Zona de un presupuesto general del Majzen que se promulgaba anualmente.
Creó el BoletÃn Oficial de la Zona, que en sus ediciones española y árabe publicaban todas las disposiciones promulgadas; los boletines de los Ministerios de Justicia islámica y del Habús, ambos en árabe solamente.
La espina dorsal del personal del Protectorado lo constituÃa el Cuerpo General Administrativo, en español; el Cuerpo del Cuttab, en árabe, y el cuerpo de los funcionarios y empleados municipales.
Dictó un estatuto general de la Función Pública y otro de los funcionarios y empleados municipales.
Reglamentó el régimen de clases pasivas para todos los funcionarios, españoles y marroquÃes. Dotó a los funcionarios de la Zona de una asociación mutuo-benéfica, y a los municipales de un montepÃo.
Creó escalafones para todos los cuerpos de la Administración, en los que el ascenso se hacÃa por riguroso orden de antigüedad.
El acceso a los puestos administrativos se hacÃa por concurso u oposición, en los que participaban españoles y marroquÃes por igual.
Los funcionarios marroquÃes percibÃan el mismo sueldo que los españoles.
En la Administración y la Enseñanza se respetaban por igual las festividades españolas y marroquÃes.
España instituyó la Fiesta del Trono del Sultán y del Jalifa que tenÃan lugar el 18 y el 8 de noviembre, respectivamente, de todos los años.
Dispuso que la bandera marroquà ondeara junto a la bandera española en los edificios oficiales y particulares.
Creó la bandera mercantil marroquÃ, asà como las banderas y estandartes marroquÃes de las Mehal-las y la MejaznÃa armada.
Creó las Mehal-las jalifianas como fuerzas armadas genuinamente marroquÃes, y la MejaznÃa armada como una especie de Guardia Civil, cuyos mandos eran españoles y marroquÃes.
Los agentes de la PolicÃa hacÃan el servicio de calle en parejas formadas por un español y un marroquÃ.
En el orden familiar
España aplicó en la Zona la ley española sobre la protección de la familia y la asistencia familiar. Creó el Registro de Estado Civil para marroquÃes. También, la tarjeta de identidad para los marroquÃes varones y la cédula de vecindad y sin foto para las mujeres, que eran expedidas por los Bajaes y los CaÃdes con el visto bueno del Interventor respectivo.
En el campo nacionalista
España, a diferencia de Francia, toleró ampliamente la existencia del movimiento nacionalista marroquÃ, aunque este proclamaba en sus estatutos que su fin era abogar por la independencia y la unidad de Marruecos, lo que contravenÃa implÃcitamente el reglamento del derecho de asociación vigente en la Zona, que disponÃa que las asociaciones no podÃan ejercer actividades atentatorias al régimen de Protectorado.
Franco, al tiempo que prohibÃa los partidos polÃticos en España, autorizó la fundación del Partido Reformista Nacional y el de la Unidad MarroquÃ.
También autorizó la fundación de periódicos y revistas nacionalistas, en idioma árabe, que no estaban sujetas a la censura que se practicaba en España con la prensa nacional.
Cuando en España estaban prohibidas las manifestaciones públicas, los nacionalistas organizaban manifestaciones que generalmente eran pacÃficas y tenÃan por objeto protestas contra la represión ejercida por Francia contra los nacionalistas de su Zona de Protectorado.
El reglamento sobre el derecho de asociación autorizaba la fundación de toda clase de asociaciones marroquÃes, aunque fueran de carácter nacionalista, como lo fue la Asociación de Estudiante MarroquÃ.
Y por último, he de hacer mención a un caso único en la historia de los pueblos protegidos o colonizados. Me refiero al hecho de que la Zona de Protectorado español estuvo representada en el seno de la Liga Ãrabe por dos destacados nacionalistas, pertenecientes al Partido Reformista Nacional, cuando todos los miembros de dicha Liga eran representantes de estados árabes soberanos.
España no practicó, como lo hizo Francia, una polÃtica bereber tendente a segregar las cabilas bereberes del resto del pueblo marroquÃ, ya que cuando Francia creaba tribunales consuetudinarios y escuelas bereberes a base del idioma francés, España creaba tribunales cheránicos y escuelas coránicas en las cabilas de origen bereber.
España prohibió toda clase de discriminación racial, religiosa o polÃtica, por lo que no hubo en su Zona de Protectorado, como lo hubo en la francesa, carteles que prohibÃan el acceso de los “moros†y los perros a determinados lugares públicos, tales como cines, teatros, casinos, restaurantes, cafés, hoteles y pensiones.
En resumen, el Protectorado Español no trató de españolizar, sino de modernizar la vida marroquÃ, en todas sus manifestaciones, pero sin atentar a los usos, costumbres y tradiciones del paÃs.
Y es porque el ejercicio de la acción protectora de España en Marruecos no podÃa ser otro que el practicado por un pueblo, el español, unido al marroquà por lazos de Ãndole varia: raciales, sociales, culturales, fraternales, producto de la convivencia de ambos pueblos vecinos, cuyas historias se confunden y se interfieren, tanto que a veces se tiene la sensación de que se trata de la historia de un solo paÃs cuyas dos mitades están situadas al norte y al sur de un brazo de mar, que más que estrecho que separa es rÃo que une a dos pueblos que están obligados –no digo condenados- a entenderse, y no cabe duda de que les anima el deseo de entenderse. Quiera Dios que asà sea.
Antonio
Porque el gobierno español del protectorado se dedico a difundir y a normalizar el arabe?.? Porque Marruecos y el Rif son pueblos basicamente amazigues. El amazigh tarifit es el idioma de los rifeños. Este tema hay que cuestionarlo y estudiarlo. Porque ese empeño en arabizar lo que es amazigue?. A mi juicio falta este importante capitulo en el articulo.
Eugen Ehrlich
¿Existe material audiovisual de lo que se relata en este escrito?